Emociones y estados de ánimo


"Señor, concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar, fortaleza para cambiar lo que soy capaz de cambiar y sabiduría para entender la diferencia."

Reinhold Niebuhr


Uno de los dominios de intervención del coaching ontológico es la emocionalidad, además del lenguaje y la corporalidad.


Aquí es importante hacer una distinción entre dos clases de fenómenos: los estados de ánimo y las emociones.


Cada vez que experimentamos una interrupción en el fluir de la vida se producen emociones. A estas, por lo tanto, las asociamos con los quiebres -esto es, con interrupciones en nuestra transparencia. Al actuar, siempre lo hacemos dentro de un determinado espacio de posibilidades.


Cuando un suceso nos conduce a modificar significativamente las fronteras de ese espacio de posibilidades, cuando nos vemos conducidos a variar nuestro juicio de lo que podemos esperar en el futuro, hablamos de un quiebre.


Un quiebre implica un cambio en nuestro espacio de posibilidades. Cada vez que hay un cambio dentro de nuestro espacio de posibilidades, se generan emociones.


La emoción, por lo tanto, es una distinción que hacemos en el lenguaje para referirnos al cambio en nuestro espacio de posibilidades a raíz de determinados acontecimientos (sucesos, eventos o acciones).


Los estados de ánimo son una distinción muy diferente de la distinción de emociones. Los estados de ánimo viven en el trasfondo desde el cual actuamos.


En la medida en que la emocionalidad condiciona el actuar, condiciona igualmente la manera como somos mientras estamos en él. En este sentido, no podemos decir solamente que tenemos estados de ánimo; también es verdad que nuestros estados de ánimo nos tienen a nosotros -estamos poseídos por nuestros estados de ánimo.


El rol del coach frente a la emocionalidad del cliente es intervenir en los estados de ánimo en los que se encuentre inmerso y acompañarlo a diseñar las acciones capaces de cambiarlos.


Un estado de ánimo, define un espacio de acciones posibles.


El biólogo Humberto Maturana sostiene que las emociones y los estados de ánimo son predisposiciones para la acción.


Podemos sostener que dependiendo del estado de ánimo en que nos encontremos, ciertas acciones son posibles y otras no – algunas posibilidades están abiertas y otras están cerradas.


¿Qué implicación tiene esto en la vida, el trabajo, las finanzas?


Si estamos predispuestos a la desconfianza, se estrechan las posibilidades de coordinar nuestras acciones con las de alguien. En un estado de entusiasmo, se amplía nuestro horizonte de acciones posibles en el futuro.


¿Afectaría la desconfianza el desempeño de una pareja, equipo u organización frente a sus objetivos?


Los estados de ánimo no solo condicionan las acciones posibles o no posibles de realizar. También condicionan la forma en que efectuaremos esas acciones.


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Cuando conversamos es importante asegurarse de que el estado de animo de la conversación sea el adecuado para lograr lo que se espera que esa conversación produzca. Esto es particularmente importante para las conversaciones en que deseamos despertar el interés del otro por aquello que ofrecemos (por ejemplo, conversaciones de ventas, negociaciones, proposiciones de amor o comerciales, etcétera).



Cuatro estados emocionales básicos


El estado de ánimo del resentimiento

El resentimiento es un estado de ánimo que tiene una conversación subyacente en la cual interpretamos que hemos sido víctimas de una acción injusta y en la que alguien aparece como culpable por lo que nos sucede (una persona, un grupo de personas, toda una categoría de individuos, o incluso la vida misma o el mundo entero).


El resentimiento no para aquí. La persona resentida hace además una declaración: aquel que cometió la injusticia, pagará por ello. Aparece así el deseo de venganza como subproducto habitual del resentimiento.


El estado de ánimo del resentimiento se asemeja mucho al de la ira. La principal diferencia reside en que la ira se manifiesta abiertamente y el resentimiento permanece escondido. Permanece como una conversación privada. Crece en el silencio y rara vez se manifiesta directamente o lo hace ante personas no adecuadas (decimos no adecuadas porque aparece como queja ante terceras personas que no pueden hacer nada efectivo para aliviar el estado de ánimo resentido. Por el contrario, la queja ante terceras personas suele alimentar el estado de ánimo de resentimiento y hacerlo crecer).


Normalmente encontraremos una promesa y unas expectativas consideradas legítimas que, en ambos casos, no son cumplidas. Pero, además, es necesario que exista una situación que obstruya o impida manifestar nuestra ira o hacer una reclamación.


El resentimiento surge de la impotencia y a menudo la reproduce. Una razón para esconder la ira y dejar que se desarrolle el resentimiento es cuando nos encontramos en una situación precaria de poder. Tenemos miedo de hacer nuestra reclamación y por eso la mantenemos oculta. Por eso, en las situaciones de liderazgo en las empresas, pueden surgir muchos casos de resentimiento por parte de los subordinados.


La persona en resentimiento se ve afectada por un sufrimiento penetrante y muchas veces casi permanente, que se manifiesta en múltiples situaciones de su vida. La persona resentida, además, ve bloqueada su capacidad de actuar, porque se mantiene sumida en una conversación que se niega a aceptar la pérdida sufrida, se asienta en el pasado (en lo que ocurrió y lo que debía haber ocurrido) y cierra puertas al futuro. En este sentido, decimos, como Nietzsche, que el resentimiento es un estado de ánimo que esclaviza a quien lo padece.



El estado de ánimo de aceptación y paz

Entendemos este estado de ánimo como diametralmente opuesto al del resentimiento. Exige una expresión de reconciliación. Decimos estar en paz cuando aceptamos vivir en armonía con las posibilidades que nos fueron cerradas. Estamos en paz cuando aceptamos las pérdidas que no está en nuestras manos cambiar. La única manera de superar el resentimiento es a través de la aceptación y, desde ahí, hay únicamente dos caminos: el perdón o la reclamación. El proceso de aceptación requiere los siguientes pasos:

  • Aceptamos las puertas que nos fueron cerradas

  • Aceptamos las pérdidas de lo que no está en nuestras manos cambiar

  • Aceptamos que podemos cambiar lo cambiable, sin el lamento amargo e inútil de lo que no podemos cambiar.

El proceso de reclamación, por su parte, tiene también de una serie de pasos que han de ser dados:

  • Tú me prometiste “X” y no has cumplido

  • Eso me ha provocado el daño “Y”

  • Yo creo que tú eres responsable de ese daño y yo te perdono por lo que has hecho

  • Te pido que, para reparar el daño, hagas A, B y C

  • (si la otra persona acepta): Gracias. Si no, habrá que negociar.



El estado de ánimo de la resignación

La resignación es otro estado de ánimo en el que a veces podemos encontrarnos. La resignación es un estado de ánimo que tiene la creencia oculta de que nada de lo que se haga puede cambiar una determinada situación.


La persona resignada cree que es realista y tiene numerosos juicios para fundar su realidad. De esta manera, la persona resignada está atrapada, no puede hacer nada para cambiar la situación. No ve el futuro como un espacio en el que la intervención sea posible.


La modificación de la resignación como estado de ánimo pasa por la revisión de todos los juicios que fundan dicha resignación. El trabajo del coach es ayudar a su coachee a pasar de un estado de ánimo de resignación a la ambición de lograr el cambio que desea.


¿Qué cambiaría en tu vida/trabajo/salud/finanzas si descubrieras que has estado viviendo desde estados de ánimo que te impiden tener armonía, abundancia y prosperidad?





Fuente: Ontología del Lenguaje. Rafael Echeverría. Editorial Granica









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